domingo, 18 de enero de 2015

Escaparate de felicidad

Dice el personaje de un libro de Mamen Sánchez (la escritora por la que me ha dado últimamente), que "las fotografías siempre mienten, porque uno pone buena cara aunque se esté muriendo de pena, y luego escoge aquella en la que menos se note el color del alma para colocarla en lo alto de la chimenea y engañar a los amigos cuando vienen a tomar el té". 



Esto, a día de hoy, es a gran escala. Antes solo podíamos presumir de las fotos de nuestra boda cuando venían los amigos a casa. O ansiábamos secretamente el momento en el que nuestros compañeros de trabajo nos dijeran: "trae el álbum de tu viaje a Perú que estoy deseando verlo" (buena gente el que te dice eso, porque lo hace exclusivamente por ti, por si no te habías dado cuenta). 

Ahora colgamos en las redes sociales fotos de nuestro desayuno, el maravilloso día que se ve por la ventana, el precioso detalle que ha tenido tu novio contigo, lo bien que te lo pasas en tu trabajo, tu boda, las garbanzas que te comes en un guachinche, el nacimiento de tu hijo... ¿Por qué esa necesidad de mostrar a los demás lo felices que somos? Las fotos ya no las hacemos para almacenar recuerdos, las hacemos para los demás.

Me viene a la mente una chica que conocimos en Tailandia cuando hacíamos una ruta en lancha por las islas del sur. Viajaba sola:
- Mis amigas me decían que estoy loca. Pero es que si esperas por los demás para hacer cosas, al final no las haces -decía.
Hasta ahí bien... Pero es que la susodicha no parecía disfrutar especialmente del paisaje, ni de los peces de colores al hacer snorkel, ni tenía ningún interés en charlar con los guías lugareños. Solo estaba pendiente de inmortalizarse a sí misma con la isla de fondo, con las gafas de buceo puestas haciendo el símbolo de la victoria con los dedos, y al lado de un exótico guía con el que no cruzó más que las palabras "foto, foto" pero se arrimó a él como si fueran amigos de toda la vida. Se pasó todo el día pidiéndome que le sacara fotografías. Y cuando posaba, se transformaba. Su cara irradiaba más felicidad que la de un ganador del gordo de la lotería. Me harté y empecé a pasar de ella porque no me permitía a mí disfrutar ni de un baño (si es que siempre se me pegan los frikis). En fin, que esa chica viajaba sola, no para gozar de la experiencia, sino para demostrarle a los demás que era capaz, y que además se lo pasaba pipa.

Sí, las fotos nos sirven para revivir momentos, igual que la música, o escribir. Pero hay una diferencia: podemos ponernos esa canción tan triste para regodearnos en nuestra pena. O escribimos para desahogarnos porque no somos capaces de contarle a nadie lo que nos ocurre, mas que al papel. Sin embargo, ¿quién hace fotografías de momentos tristes o aburridos? Nadie. ¿Se imaginan? 
FOTO: este es el estado de mi casa desde que mi novio me dejó. 
FOTO de una báscula: aquí, los kilos que he engordado de la depresión que me he cogido.
FOTO: mi nómina de este mes.
FOTO: la pared de casa que llevo mirando dos horas y media porque no tengo otra cosa mejor que hacer con mi vida.

Así que, si ves que un amigo lleva tiempo sin colgar una foto actual...preocúpate, llámale: 
- ¿Qué te pasa tío? Que por tu actividad de Facebook veo que hace tiempo que no corres una maratón, ni te pegas un secreto ibérico entre pecho y espalda... ni siquiera un capuccino espumoso con una carita sonriente de esas de chocolate en polvo. ¿Estás bien?"

Si te contesta que ha decidido pasar de las redes sociales, que total, ¿a quién le importa su vida?...preséntate en su casa y oblígale a salir, hasta que vuelva a tener ánimos para hacerse un selfie sonriente. Será la señal de que está recuperado.




domingo, 11 de enero de 2015

Él y Yo

A él le gustan los números. A mí las letras.
Él no le da vueltas a las cosas sin importancia. Yo me ahogo en un vaso de agua.
Él tiene memoria de elefante. Yo de pez.
Él es decidido; yo indecisa.
A él le gusta estar horas en el agua; a mí me da miedo la profundidad.
A él le gusta nadar y correr; a mí bailar.
Él disfruta de las películas de acción; Yo las detesto.
Él no para hasta que termina lo que empezó; Yo me despisto con una mosca.
Él es muy seguro de sí mismo; a mí me falta autoestima.
A él le gusta caminar en el campo; a mí tumbarme en la playa.
Él es muy precavido; Yo hago las cosas sin pensar.
A él le encantan los dulces; a mí lo salado.
Él desconfía; A mí siempre me engañan.
Él se sienta en el sofá; Yo siempre tengo que estar tumbada.
Él nunca cae dos veces sobre la misma piedra; Yo no dejo de tropezarme.
Él se lee los libros de un tirón; Yo los dejo si no me gustan a la tercera página.
Él casi nunca llora; Yo suelo hacerlo una vez al mes.
A él no le gusta el café; a mí me encanta.
Él se queda dormido en seguida; Yo tardo un rato...
A él le gustan las cosas prácticas; a mí las bonitas.
Él analiza, y compara; Yo soy impulsiva.
Él desafina; Yo tengo buen oído.
Él es de rutinas; Yo me aburro de las cosas.
A él le gusta hablar; a mí escribir.
Él no baila. 
            Yo lo adoro más que nada en el mundo. 
                                                                   Y después, bailar...
                       
                                                    


"Esos somos tú y yo. El cielo y el suelo. Putadas y amor. Pereza y desvelo. Lija y terciopelo". [Kutxi Romero]

miércoles, 7 de enero de 2015

Molaría..

Para alegrar el final de un día chungo, que terminó con un post más chungo todavía, añado este trocito del libro "Lo que yo quería deciros", de José M. Campos. Como diría él mismo: "Es no se me ocurre otra cosa que decir".





El tiempo medio de espera es de más de 6 minutos

Hay quien hace lluvias de ideas, planifica lo que va a narrar con esquemitas... Yo soy más de escribir en caliente, lo que me salga. Y después de un día como hoy, más me vale hacerlo antes de irme a la cama.

"El tiempo medio de espera es de MÁS de 6 minutos". No sé cuántas veces habré oído hoy la dichosa frasecita al llamar al teléfono del INEM. Perdón, del SEPE. Encima he tenido que llamar dos veces. En definitiva, he pasado unos 40 minutos de mi día con el teléfono en el bolsillo en modo altavoz dando vueltas por mi casa, "El tiempo medio de espera es de MÁS de 6 minutos", mientras ponía la lavadora, "El tiempo medio de espera es de MÁS de 6 minutos", revisaba mi correo, me preparaba un té, "El tiempo medio de espera es de MÁS de 6 minutos", pensaba cómo iba a solucionar el problema con mi trabajo basura de 3 horas semanales por el que casi pierdo la prestación porque la empresa no me informa debidamente del tipo de contrato, "El tiempo medio de espera es de MÁS de 6 minutos".... Y cuando por fin me atienden, de nuevo a sentirse una como una pordiosera. Peor, como una ladrona. Peor, como una estafadora que quiere chupar del bote. Ahora por el auricular del teléfono ya no se oye un contestador automático, pero sí un autómata que te recuerda que se te vence el plazo para renovar la demanda, "oiga usted, que pierde la prestación". Que si "vamos a ver si está usted dentro de plazo", o "si cumple los requisitos". Y una, cagada de miedo. Y tras el "no le podemos tramitar la demanda por teléfono, señora, pida cita", llamas y no te la dan hasta dentro de doce días. Mira qué bien, genial para que se me venza el plazo de solicitud. Y como la cita te la da un contestador y no tienes nada que hacer, pues a fastidiarse. Como no tengo cita con numerito... ya lo montaré yo mañana en mi oficina de empleo.

Todo esto, porque a nuestro gobierno le ha dado por no atender en las oficinas de empleo si no es con cita previa. Claro, así los medios no pueden captar imágenes de las descomunales colas del paro. Ahora la cola la hacemos en casa. 

Cómo nos ayudan, hay que ver. Qué fácil lo pone este sistema. Y una, como una idiota, acepta empleíllos basura, aunque incluso pierdas dinero, por eso de no estar parada, "por moverte y conocer gente, mujer". Y si una lo acepta es porque lo ha buscado y se ha movido. Pero terminas saliendo malparada porque pones en riesgo tu pan si no avisas cada vez que la empresa de da de alta y de baja (que es día sí día no para trabajos de una hora suelta), si se te vence el plazo de nosequé o no estás de alta como demandante o blablablablabla. Con un panorama así, no me extraña que sea yo la única gilipollas que acepte trabajar por 100 euros al mes... Y por otro lado, no me sorprende que gente mayor, sin información y recursos suficientes, pierda los derechos que le corresponden, porque mira que lo ponen complicadito. No quiero decir que lo hagan a propósito para ahorrarse prestaciones, ejem :-/

¡Ah! Y antes del "El tiempo medio de espera es de MÁS de 6 minutos", el señor del contestador te suelta un entretenidísimo rollo sobre la nueva ayuda de activación de empleo a la que por supuesto no tienes derecho a acceder, igual que al cheque trabajo, porque NO llevas más de 6 meses consecutivos desempleada. ¿Para qué me moveré? Si al final va a ser mejor no trabajar....

lunes, 5 de enero de 2015

El Cuestionario Proust

Hace poco me arriesgué a impartir un taller de literatura. Constaba de: la biografía, el cuento, la narración, literatura creativa y poesía. Preparé muchas actividades para mis alumnos, sobretodo para desbloquear, perder el miedo a la página en blanco, y hacerles ver que las ideas no se buscan, sino que surgen, nuestra cabeza no para. Y a veces de la idea que nos parece más ridícula, puede surgir algo maravilloso. 

Al final solo vino una alumna a mi taller, hicimos un par de clases y nos lo pasamos bien. Pero el taller se suspendió por falta de alumnos. Al buscar tantas ideas para escribir, me entró el gusanillo, y me quedé con las ganas de desarrollarlas, así que aprovecharé este blog para ponerlas en práctica. Y si alguien se anima a hacerlas, ¡bienvenido sea! A mí me encanta escribir, lo haga mejor o peor. Me ayuda a evadirme de la realidad, a conocerme, e incluso a ver las cosas desde fuera. Y revivir momentos. Yo tengo malísima memoria. El otro día encontré un mini-diario de cuando estaba estudiando COU en Salamanca, y aluciné. Reviví lugares, momentos, detalles, conversaciones y sentimientos de los que jamás me habría acordado si no fuera por tenerlos en tinta y papel. Y fui una adulta viviendo su vida de adolescente, criticando su inocencia y diciéndole a la Patricia de 17 años: "pero ¿tú eres tonta? ¿No ves que te has enamorado del más chulo de la clase? ¡Que ese cuento es mentira, no te lo creas!" Pero por otro lado, volví a sentir el cosquilleo nervioso en la barriga, el frío gélido de Salamanca en la nariz y el del banco en el trasero, y hasta oí la voz y recordé la cara de aquel chico con el que salí dos años y medio y que el tiempo había borrado de mi mente  ¿No les ha pasado? 

A lo que iba, que escribo más que hablo. El primer día de taller, además de darle un poco la chapa a mi única alumna hablando un poco sobre la imaginación -que si es una necesidad de ficción para salir de nuestra rutina...que se diferencia de los sueños en que la imaginación es voluntaria, etc-, y enumerar una serie de consejos para escribir (yo, famosa novelista con varios Premios Planeta en mi biblioteca particular, pero es que no está la cosa para rechazar trabajo), empecé con el tema de LA BIOGRAFÍA.

Un amigo me dio la idea de utilizar el Cuestionario Proust para "romper el hielo", y que así los alumnos, entrevistándose entre ellos, crearan un perfil sobre sus compañeros para presentarlos. Lo hicimos nosotras dos y la verdad es que salen cosas muy divertidas. También puede servir para crear personajes, respondes las preguntas poniéndote en su lugar, y después utilizas detalles de su personalidad a conveniencia para tus historias. Cuestionario Proust para crear personajes

Yo, de momento, voy a responder a una adaptación del cuestionario para "tiempos modernos', como si fuera una celebrity. Quien quiera utilizarlo solo tiene que buscar "Cuestionario Proust" en el amigo Google.

El principal rasgo de mi carácter: la inseguridad, que mezclada con que soy muy inquieta y curiosa forman un cóctel explosivo. Quiero hacer mucha cosas pero no me atrevo, necesito que me empujen.
Dicen que espero demasiado de mis amigos. Confío en las personas.
Mi peor defecto es mi baja autoestima, aunque me lo estoy arreglando.
No podría vivir sin música.
No soporto la prepotencia.
¿Un ritual que si no hago me estropea el día? Elegir y ponerme unos pendientes.
Cuando llega la Navidad...mi familia sigue desperdigada.
De niña quería ser vaquera. Conservo a mi muñeca Raquel, que me la trajeron los Reyes cuando pedí una hermanita. Conservo también las cintas de cassette que me grababa yo misma cantando Whitney Houston.
Si me pudiera transportar al pasado me metería en un guateque, sin dudarlo.
No le doy vueltas a relaciones anteriores ni a "qué hubiera pasado si..." porque solo me juntaba con capullos a sabiendas de que eso no podía llegar a ningún lado.
Puedo pasarlas horas muertas buscando cosas para hacer, sin llegar a hacer ninguna.
La última novela que leí: "Se prohíbe mantener afectos desmedidos en la puerta de la pensión", de Mamen Sánchez.
No me gusta invertir tiempo cocinando, aunque cuando lo hago, se me da bien.
En las redes sociales comparto mis pensamientos y subo bastantes fotos. Creo que para compartir noticias ya están los periódicos.
No me engancho al Candy Crush ni a ningún juego.
El Whatsapp es un básico, como las camisetas de Primark. Aunque con moderación.
He llegado a soportar una semana sin internet, y hasta lo he agradecido.
Soy anti-tecnología. Odio bajarme cosas de internet. Me sigue gustando alquilar pelis y comprar CD's. Una pringada, sí, pero a mí me compensa.
Soy deportista, pero solo si es bailando. Correr o nadar me aburre muchísimo, no sé cómo lo hace la gente para motivarse.
No me canso de escuchar a Queen. Mi serie de televisión favorita es Friends, y no me aburro de ver Amelie.
Compro en los chinos aunque no me siento orgullosa de ello.
El próximo verano me gustaría...sentir que estoy de vacaciones porque el resto del año trabajo.
Digo que me gustaría montar mi propio negocio, pero no me pongo a ello.
No practico ninguna religión.
¿Que cómo me gustaría morir?...Es un tema del que no me gusta hablar. No me quiero morir, y punto.
Mi lema: vive y deja vivir.







El lado bueno

Siempre nos estamos quejando de las cosas malas que nos pasan, de lo que no nos gusta... Qué pocas veces decimos "me encanta el café, o "cómo disfruto del olor del jabón mientras me ducho". Somos más de manifestar que hoy el café está frío, o que se nos ha roto la mampara de la ducha.

Yo al hacer este ejercicio de escribir un listado de cosas que me gustan, y de otras que no, me di cuenta de que me cuesta muchísimo menos evocar cosas de las que disfruto. Un ejercicio fácil, que además de hacerle a uno darse cuenta de todas las pequeñas cosas que le hacen feliz, puede quedar bonito.


Me gusta el olor a polvos de talco y a suavizante. La ropa recién planchada. La sonrisa de un desconocido. Oír la risa de un niño. Me gustan las películas inglesas. El acento argentino. Adoro la música, de casi todos los tipos. Las voces rotas, que suenan a antiguo. Me gusta la gente que siempre sonríe. Me gusta la playa, el sonido del mar, el sol en la espalda. Me encantan las librerías y papelerías. Me gusta la fruta. Me gusta ducharme con agua caliente. Una película con manta. Los abrazos. Las lágrimas de alegría. Me gusta la cerveza fría, y tomarla en una terraza. Me gusta comer fuera de casa. La comida exótica. Me gusta viajar con poco equipaje, aunque casi nunca lo consigo. Me gusta leer novelas, la escritura sencilla, la buena ortografía. Me gustan las farmacias. Me gustan los regalos. Me gustan Escocia y los escoceses. Me gustan los barrios humildes, los pueblos de interior, los señores sentados en el banco viendo los coches pasar, y las señoras asomadas a la ventana. Me gustan las cremas hidratantes. Adoro los masajes, las caricias y las cosquillas. Me gustan lo pendientes que cuelgan. Me gusta bailar como quiero cuando nadie me ve. Cantar en la ducha y en el coche. Me gustan los makis. El chocolate con churros. Me gustan las colchas blancas. Las azoteas con ropa tendida. Me gustan las miradas pícaras. Los niños con pinta de trastos. Los abuelos con cara de sabios. Me gustan los bares cutres. El yogur, el queso, la miel. Me gusta gustar. Me gustan los vestidos de novia. Las letras bonitas, las flores silvestres y la decoración vintage. Me gustan Amelie y Pequeña Miss Sunshine.  Me encantan los crepes. Y los domingos. Me gustan las conversaciones largas. Me gustan los musicales. Y el silencio.

No me gusta la gente falsa, ni criticona. No me gusta la falta de humildad. No me gusta el olor de la gasolina. Odio las cucarachas. No me gusta el ruido, ni las conversaciones muy altas. No me gustan las aglomeraciones. No me gustan los conflictos, ni las injusticias. No tolero la intolerancia, aunqe suene intolerante. No me gustan los niños abusones. No me gustan las etiquetas, ni los falsos mitos. No me gustan el lujo y la opulencia. No me gustan los adornos de porcelana. No me gustan las judías verdes, las alcachofas ni el pimiento. No me gusta la política, la economía, las matemáticas.No me gustan las películas de terror. No me gusta la música heavy, ni los super-éxitos latinos horteras. No me gustan las palabras y actitudes rimbombantes, ni los libros que no hay quien entienda. No me gustan los malentendidos, ni la envidia. No me gusta el frío. No me gusta la enfermedad, ni el dolor, ni la muerte..supongo que como a todos. No me gusta la soledad.

Queridos Reyes Magos, este año también he sido buena

Y una noche de Reyes me trajeron el mejor regalo que podía esperar. Y eso que no te pedí en la carta, porque ni siquiera sabía que te quería, pero se ve que Baltasar me conocía bien y pensó: "este año vamos a ser prácticos y regalarle a esta muchacha lo que de verdad necesita. Y que además le dure toda la vida, nada de cutradas". Y ahí apareció mi regalo, de madrugada, en medio de Las Lagunetas. Había muchos paquetes por ahí desperdigados, pero yo sabía que era ese el que tenía que desenvolver.
¡Y todos los años repiten regalo, los tíos! Como saben que siempre aciertan, y encima cada vez me hace más ilusión, pues no se complican...

Feliz aniversario, D. Por muchos años desenvolviéndote.