Ahora colgamos en las redes sociales fotos de nuestro desayuno, el maravilloso día que se ve por la ventana, el precioso detalle que ha tenido tu novio contigo, lo bien que te lo pasas en tu trabajo, tu boda, las garbanzas que te comes en un guachinche, el nacimiento de tu hijo... ¿Por qué esa necesidad de mostrar a los demás lo felices que somos? Las fotos ya no las hacemos para almacenar recuerdos, las hacemos para los demás.
Me viene a la mente una chica que conocimos en Tailandia cuando hacíamos una ruta en lancha por las islas del sur. Viajaba sola:
- Mis amigas me decían que estoy loca. Pero es que si esperas por los demás para hacer cosas, al final no las haces -decía.
Hasta ahí bien... Pero es que la susodicha no parecía disfrutar especialmente del paisaje, ni de los peces de colores al hacer snorkel, ni tenía ningún interés en charlar con los guías lugareños. Solo estaba pendiente de inmortalizarse a sí misma con la isla de fondo, con las gafas de buceo puestas haciendo el símbolo de la victoria con los dedos, y al lado de un exótico guía con el que no cruzó más que las palabras "foto, foto" pero se arrimó a él como si fueran amigos de toda la vida. Se pasó todo el día pidiéndome que le sacara fotografías. Y cuando posaba, se transformaba. Su cara irradiaba más felicidad que la de un ganador del gordo de la lotería. Me harté y empecé a pasar de ella porque no me permitía a mí disfrutar ni de un baño (si es que siempre se me pegan los frikis). En fin, que esa chica viajaba sola, no para gozar de la experiencia, sino para demostrarle a los demás que era capaz, y que además se lo pasaba pipa.
Sí, las fotos nos sirven para revivir momentos, igual que la música, o escribir. Pero hay una diferencia: podemos ponernos esa canción tan triste para regodearnos en nuestra pena. O escribimos para desahogarnos porque no somos capaces de contarle a nadie lo que nos ocurre, mas que al papel. Sin embargo, ¿quién hace fotografías de momentos tristes o aburridos? Nadie. ¿Se imaginan?
FOTO: este es el estado de mi casa desde que mi novio me dejó.
FOTO de una báscula: aquí, los kilos que he engordado de la depresión que me he cogido.
FOTO: mi nómina de este mes.
FOTO: la pared de casa que llevo mirando dos horas y media porque no tengo otra cosa mejor que hacer con mi vida.
Así que, si ves que un amigo lleva tiempo sin colgar una foto actual...preocúpate, llámale:
- ¿Qué te pasa tío? Que por tu actividad de Facebook veo que hace tiempo que no corres una maratón, ni te pegas un secreto ibérico entre pecho y espalda... ni siquiera un capuccino espumoso con una carita sonriente de esas de chocolate en polvo. ¿Estás bien?"
Si te contesta que ha decidido pasar de las redes sociales, que total, ¿a quién le importa su vida?...preséntate en su casa y oblígale a salir, hasta que vuelva a tener ánimos para hacerse un selfie sonriente. Será la señal de que está recuperado.
Me encanta la reflexion
ResponderEliminarGracias Eva!! Qué guay, un comentario en mi blog ;-)
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